Quiero hacer hincapié en esa subjetividad, pues es claro que vivimos en un mundo donde las percepciones de cada individuo pueden distar mucho unas de otras y necesitamos mantener claros nuestros objetivos para emplear de manera más estratégica nuestros esfuerzos y lograr el único acometido en el breve andar que tenemos sobre el planeta; la felicidad.
Cuando se habla de perfección, debemos ser cuidadosos de no etiquetar equivocadamente nuestros objetivos para no utilizar nuestros esfuerzos en buscar algo que no va a ser posible alcanzar. Creo necesario plantear esto porque en ocasiones vivimos muy consternados por buscar la perfección de las cosas; cuando esa perfección ya viene implícita en nuestra misma existencia (por lo menos sucede así con quienes tendemos a ser muy perfeccionistas en nuestras acciones).
Bien, antes de continuar con la idea que quiero plantear, creo que es pertinente entender primero qué es la perfección en su definición más aceptada. Pues según la Real Academia de la lengua Española (RAE), la perfección se define de la siguiente manera:
- adj. Que tiene el mayor grado posible de bondad o excelencia en su línea.
- adj. Que posee el grado máximo de una determinada cualidad o defecto.
Ahora bien, considerando la definición de la RAE antes planteada, es posible traducir el desempeño de un sujeto de estudio (pudiendo éste ser cualquier objeto, actividad, situación o incluso cualquier persona) en números; específicamente en un porcentaje. Así pues, entenderemos que si nuestro sujeto de estudio se desempeña cabalmente, cumpliendo con todas las expectativas, ha alcanzado su 100%, es decir, la perfección.
Por otra parte, es bien sabido que en la "vida real" la perfección no existe, ya que las máquinas se descomponen y requieren de mantenimiento; las herramientas se desgastan y dejan de funcionar; los materiales tienen su tiempo de vida útil; las situaciones siempre son mejorables, etcétera; así que dado lo anterior, es posible asumir que nada se desempeña en su 100%. No obstante, esto no es necesariamente algo malo ya que si algo no es perfecto, definitivamente es mejorable.
La paradoja de la perfección reside precisamente en esta idea. Dado que "no existe la perfección", es posible asumir que todo es siempre mejorable; es decir, siempre es posible hacer las cosas cada vez mejor; como computadoras más rápidas, herramientas más resistentes, desempeñarnos cada vez más cabalmente en nuestras labores, etcétera. Planteando este escenario no puede escapar la pregunta ¿qué puede ser más perfecto que algo que siempre puede ser mejor? Yo creo, como lo comentaba anteriormente, que es precisamente en la imperfección de las cosas donde reside la perfección de todo. Tener esta consideración en la mente puede ser algo muy bueno y provechoso para nuestro desempeño en el mundo, pues nos permite ampliar el campo de visión y tener un panorama más extenso de nuestras posibilidades y alcances.
Así que, en resumen es posible concluir que la perfección reside en la imperfección de todas las cosas ya que todo es mejorable; es recomendable buscar la perfección persiguiendo lo que nos hace felices, sin sacrificar la paz mental.
Los comentarios son siempre bienvenidos.
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