viernes, 24 de abril de 2015

Paradoja de la felicidad y los sueños

Una paradoja es un planteamiento que se opone a si mismo, desafiando el sentido común. Este tipo de ideas contradictorias rivalizan contra toda lógica, por lo que no pueden ser reales. En filosofía, las paradojas juegan un papel importante, pues conllevan a la reflexión en debates sobre la ética y moral de una sociedad. Por ejemplo, el conflicto entre la regla moral de 'no robar', en contraste con la responsabilidad personal (y moral) de alimentar a la familia, son un tema de discusión frecuentemente; obviamente en el supuesto de que bajo ciertas condiciones, dicha familia no puede ser mantenida sin la necesidad de robar. Otro ejemplo muy común de una paradoja es el siguiente: "Esta oración es falsa". Si la oración es cierta, entonces es falsa, pero ¿como puede ser cierta si es falsa?

Bien, pues el planteamiento anterior lo hago porque últimamente ha estado revoloteando en mi cabeza cierta paradoja a la que no le he podido encontrar la solución todavía (como es usual en las paradojas, claro). En mi intención por salir avante de la situación que platicaba hace unos días en el blog, he recurrido con frecuencia a algunas enseñanzas de la filosofía Budista en las que encuentro gran sabiduría.

Existe cierta enseñanza que nos dice que el deseo y la felicidad no pueden residir al mismo tiempo en el mismo corazón, es necesario aprender a aceptar las cosas que nos pone la vida y dejar de querer tener siempre el control sobre todo. Esto nos quiere decir que el deseo trae infelicidad.

La verdadera felicidad, por otro lado, se dice que reside en aceptar todo como es. Todo eso lo entiendo, pero al mismo tiempo pienso, y aquí es donde planteo mi paradoja: ¿qué pasa con los sueños de cada quien? ¿dónde queda la búsqueda de uno por desempeñar su papel en el mundo?

En mi percepción muy personal de Dios, no creo que éste sea un ser consciente que juzga a las personas. Yo creo que Dios es esa fuerza o energía que hace que las cosas sean lo que son; el movimiento, el balance, la energía, la vida, la suerte; es decir, el arreglo armónico del cosmos y todo lo que es como es, todo eso es Dios. Aunado a esto, yo creo que esta 'energía' nos habla a cada quien por medio de nuestros sueños y nuestras pasiones; nos invita a conocerlo, haciendo lo que amamos, pues así es como encontramos la felicidad, que es, creo yo, la única razón de existir.

Pero entonces vuelvo a la pregunta, ¿cómo puedo hacer lo que quiero y lo que añoro; es decir, cómo puedo seguir mis sueños, si antes debo aceptar todo como es y no albergar deseos en mi corazón? ¿cómo sigo lo que quiero sin quererlo? ¿en dónde reside entonces la verdadera felicidad? ¿cómo ser feliz sin desear ser feliz? ¿cómo ser feliz sin buscar los sueños de uno? ¿cómo debo actuar o cómo no debo actuar?

Me gusta mucho escribir. Encuentro un refugio confortante en ello, además de que me ayuda a organizar mis ideas. Seguiré pensando en dicho planteamiento y en cuanto tenga la solución, lo publicaré con mucho gusto. Hasta entonces, los comentarios son siempre bienvenidos.

martes, 21 de abril de 2015

Un día muy especial

Hoy es un día muy especial para mí. Como lo platiqué hace unos días en la publicación de El poder oculto, un día como hoy pero de hace 15 años, conocí a Nohemí en las bancas de la escuela en la que estábamos. Aquel afortunado encuentro cambió mi vida radicalmente, ya que nueve años más tarde, ella se convertiría en mi esposa y otros tres años después, en madre de mis hijos. La conozco la mitad de mi vida y es por eso que quiero tomar este tiempo para agradecer a la vida, a esa fuerza o energía "mágica" que hace que las cosas sean lo que son; quiero agradecer el haberla conocido y el haberme permitido vivir esta historia tan bonita que me dispongo a platicar.

Ya comenté que a los dos meses de haber empezado nuestro noviazgo, ella se fue a vivir a la hermosa ciudad de Guadalajara, así como el efecto devastador que eso causó en mí. Pero antes de continuar, debo mencionar cierto suceso que ocurrió previo a su partida inicial hacia aquella ciudad. Un día yo traía un par de dados de color rojo que había utilizado para una exposición de probabilidad. Aquellos dados eran gemelos (como nuestras almas), así que aquel día le regalé uno de los dados y yo me quedé con el otro. Siempre lo traía conmigo, SIEMPRE. La idea era atesorarlo como un recuerdo de aquel día tan mágico. Así ocurrió, como también su inevitable partida.

Las contadas ocasiones que nos llegamos a ver a lo largo de aquel año fueron todas muy especiales, pero hoy quiero platicar de una en particular. Fue aproximadamente en marzo de 2001 cuando ella vino, por motivos personales, a la ciudad donde nos conocimos, así que una tarde decidimos ir al cine. Recuerdo que no me convencía del todo la idea de entrar a ver una película (yo quería verla a ella y a nadie más), así que cuando llegamos a la plaza, le sugerí que mejor no entráramos al cine y que empleáramos ese tiempo en platicar y estar juntos. Así pues, pasamos alrededor de dos horas caminando y charlando. Recuerdo cómo nos tomábamos de las manos, como no queriéndonos dejar ir nunca. En un momento de aquella tarde, nos sentamos en la banqueta del estacionamiento del cine y entre las muchas cosas que nos platicábamos, destacaba el fervor del deseo de volver a vivir en la misma ciudad. Entonces, recuerdo que tomé mi dado y le dije: "Mira, vamos a tirar este dado para que la suerte nos diga si te vas a regresar a vivir para acá. Si cae 1, 2 o 3 quiere decir que no, pero si cae 4, 5 o 6 entonces quiere decir que si, ¿ok?".

Creo que ya se imaginarán cómo me sentía en aquel momento. Como si toda mi vida y mi felicidad dependieran de aquel resultado. Y así fue, con el corazón lleno de esperanza y con cada molécula de mi ser vibrando en sintonía con aquel momento, que lanzamos el dado. El tiempo se detuvo alrededor nuestro. Hubo un silencio abismal en el firmamento y... luego de unas vueltas... 6. Todos mis rezos y meditaciones a lo largo de aquel año habían surtido efecto. El sortilegio de mi voluntad se había materializado en aquellos seis puntos blancos (yo de alguna manera lo sabía) y mi corazón volvió a latir.

Nos miramos a los ojos, llenos de felicidad, como si se nos hubiera hecho una promesa en aquel momento. Entonces, Nohemí tomó su dado y dijo: "Ahora vamos a ver en cuánto tiempo va a pasar esto"; no obstante, nunca especificamos la unidad de tiempo que nos diría su dado. Al hacerlo girar unas cuantas veces en el suelo, el resultado que mostró fueron tres puntos blancos (nótese que 6 + 3 son 9, un número que ha tenido mucho significado en mi vida). Entonces nos volteamos a ver a los ojos una vez más, sin saber lo que significaba aquel número, pero no importaba ya que el resultado anterior nos había dejado muy contentos.

Tres meses después de aquel suceso fue cuando Nohemí me habló para decirme que se iba a regresar a vivir a Hermosillo.

Gracias, vida. Por toda la magia, por todo el amor, por la aventura, gracias.

sábado, 11 de abril de 2015

El sentido de la vida

Este es un fragmento de una entrevista que la revista Playboy hizo a Stanley Kubrick en 1968. Creo que la inteligencia y la genialidad de este personaje se ven reflejadas en sus palabras, así como en sus obras. Me parece sumamente interesante su planteamiento, además de que en estos momentos encuentro una fuente de inspiración en lo que dice.
Playboy: If life is so purposeless, do you feel it’s worth living?
Kubrick: The very meaninglessness of life forces man to create his own meaning. Children, of course, begin life with an untarnished sense of wonder, a capacity to experience total joy at something as simple as the greenness of a leaf; but as they grow older, the awareness of death and decay begins to impinge on their consciousness and subtly erode their joie de vivre, their idealism — and their assumption of immortality. As a child matures, he sees death and pain everywhere about him, and begins to lose faith in the ultimate goodness of man. But, if he’s reasonably strong — and lucky — he can emerge from this twilight of the soul into a rebirth of life’s elan. Both because of and in spite of his awareness of the meaninglessness of life, he can forge a fresh sense of purpose and affirmation. He may not recapture the same pure sense of wonder he was born with, but he can shape something far more enduring and sustaining. The most terrifying fact about the universe is not that it is hostile but that it is indifferent; but if we can come to terms with this indifference and accept the challenges of life within the boundaries of death — however mutable man may be able to make them — our existence as a species can have genuine meaning and fulfillment. However vast the darkness, we must supply our own light.





















¿Comentarios?

jueves, 9 de abril de 2015

El poder oculto

Querido lector(a)

Antes de empezar de lleno con la siguiente publicación, creo que es pertinente ofrecer una sincera disculpa; y lo digo porque desde hace varios meses no he publicado nada, por las razones que pretendo explicar a continuación. Así que, ofrezco una disculpa y procuraré que no vuelva a pasar tanto tiempo sin que siga escribiendo. Gracias por su comprensión.

Bien, pues la cosa es que desde hace aproximadamente un año y medio, me he estado enfrentando una depresión algo grave, derivada de una situación en particular: la falta de dinero. Ahora como padre de familia, debo proveer para los míos, pero la situación no ha estado nada fácil. He buscado trabajo, tanto de manera independiente como por contratación; pero en ambas situaciones lo que gano no es suficiente para cubrir las necesidades de mi familia. La depresión es algo terrible, sin duda alguna, porque casi siempre viene acompañada de la apatía, la pereza, la desilusión y la falta de esperanza; a su vez, todo esto trae problemas de otra índole, con personas cercanas y seres queridos. No obstante, estoy tratando de ser fuerte y no ser una víctima de la situación, y ya estoy tomando cartas en el asunto, pues quiero ser el amo de mi vida y librarme de este yugo voraz.

Como en toda lucha que se lleva a cabo, creo que uno debe creer fervientemente en lo que se hace, manteniendo un objetivo claro y enfocándose para que cuerpo, mente y alma trabajen en conjunto para lograr la meta deseada. Aquí es donde entra la parte difícil del asunto, ya que mis miedos e inseguridades hacen que cada vez sea más difícil tener fe, esperanza y enfoque en lo que quiero. Ahora que soy adulto, me parece un tanto más difícil encontrar estas fuerzas, en comparación a cuando era un niño. Esta condición en la que me encuentro ha resultado ser el reto más grande de mi vida hasta este momento, lo que me lleva al título de la presente publicación: el poder oculto.

Desconozco si esto sea algo que suceda igual con todas las personas, pero desde que era muy pequeño me di cuenta de que tenía un gran poder (debo admitir que la mayoría del tiempo he tenido miedo de usarlo y lo he guardado para "ocasiones especiales"). Consiste en lo siguiente: a lo largo de mi vida, todo lo que he querido y deseado con todo mi corazón, con todas mis fuerzas y con todo mi ser, se me ha cumplido. Lo he utilizado pocas veces pero NUNCA me ha fallado.

Para hablar con exactitud, he utilizado este poder un total de tres veces, que me propongo a explicar a continuación:
  • Poder en la inocencia.
La primera vez que experimenté este "poder" tenía aproximadamente 8 años de edad. Mis padres estaban pasando por una serie de problemas en su matrimonio que los llevó a una separación que duró cuatro años, a punto del divorcio. Durante ese tiempo veía muy poco a mi papá y lo extrañaba mucho. Recuerdo que todas las noches rezaba y pedía que mis papás volvieran a estar juntos. Me dolía verlos pelear y verlos sufrir. Cuando eres niño, es mucho más fácil tener fe y esperanza en que sucedan las cosas. Recuerdo que con frecuencia me concentraba únicamente en lo que quería y no daba cabida en mi cabeza o en mi corazón a que las cosas sucedieran de otra manera, muchas veces inconscientemente. Por ejemplo, no recuerdo haber tenido pensamientos como "¿qué pasará si no vuelven a estar juntos?". Simplemente cerraba los ojos y me ponía a desear aquello que yo tanto quería.

Cuatro años más tarde, después de todo el tormento familiar por el que pasamos y en contra a todas las posibilidades, mi papá regresó a vivir a mi casa. Fue algo muy especial para mí, porque de alguna manera sabía que mi deseo había sido escuchado por el cosmos y se me había cumplido. Puede que a algunos les parezca algo tonto o meramente suerte circunstancial, pero para un niño de 12 años, significó el mundo entero.
  • Mi dulzura.
La siguiente demostración de este poder ocurrió tres años más tarde, cuando tenía 15 años de edad. En ésta época de mi vida fue cuando conocí a la mujer que nueve años después sería mi esposa y madre de mis hijos. Es una historia muy bonita. Recuerdo que la veía de lejos en la escuela y me daba pena acercarme a ella y hablarle. Me llamaba la atención su sonrisa tan característica. Este mes se cumplen 15 años desde que la conocí, exactamente la mitad de mi vida al momento que me encuentro escribiendo esto. Así pues, un día la vi caminando por los pasillos de la escuela, cargando la cabeza de algún antepasado prehistórico (hecha de plastilina, según recuerdo) y cuando vi su trabajo en una exposición de historia, me acerqué para saber el nombre que llevaba aquella chica de la sonrisa que tanto me gustaba y fue así como conocí su su nombre: Nohemí.

Ah, ¿cómo olvidar aquel momento tan mágico que cambió mi vida? Fue un viernes 21 de abril del año 2000 y todavía tengo grabada en la memoria, con toda claridad, la ropa que ella y yo vestíamos ese día. Yo estaba sentado en una banca haciendo la tarea de historia (que como era costumbre, nunca hacía), escuchando música con unos audífonos defectuosos cuando de pronto ella se sentó frente a mi y puso un pedazo de papel enfrente mío (todavía lo atesoro). Momentos antes, jamás me hubiera imaginado que el curso de mis días iba a tomar un rumbo definitivo, instantes después. Aquel fragmento de papel contenía su corazón plasmado en palabras, en donde me decía que éramos el uno para el otro. La ilusión del amor que uno tiene a esa edad es de lo más hermoso que he sentido. La historia que se desenvolvió después la platicaré en otra ocasión. Por el momento basta con decir que empezamos un noviazgo muy bonito, sin embargo...

Después de dos meses de haber empezado nuestra relación, Nohemí me confesó que su papá había decidido mudar a toda su familia a Guadalajara, noticia que me dejó devastado. Fueron muchas las tardes en las que la tristeza se me corría por los ojos. Trataba de aprovechar cada momento con ella como lo más valioso en la vida (y en verdad que lo era). Y así, una vez más, durante todo un año, TODAS las noches antes de dormir rezaba y le pedía a la vida que por favor regresara a mi amada Nohemí a vivir a Hermosillo. Así pues, no existía la desesperanza en mi corazón y no pensaba en "qué triste sería si no ocurriera", sólo deseaba aquello que yo quería con todas mis fuerzas y me enfocaba en que sucediera, como si por mucho pensarlo, fuera a ocurrir. Al cabo de un año, un día me habló Nohemí muy emocionada para contarme la buena noticia de que se iba a regresar a vivir a Hermosillo. Yo estaba perplejo, de alguna manera sabía que lo había logrado, mis plegarias habían sido escuchadas por el universo una vez más.
  • La esperanza nunca muere.
La tercera manifestación de este poder oculto se dio hace relativamente poco. Fue en el año 2008. Un día mi hermana tuvo un desmayo que resultó ser causado por un tumor cerebral; diagnóstico que nos dejó a todos en mi familia muy nerviosos. La operación no sería nada sencilla, pues era necesario abrir su cabeza para extirpar dicho tumor. En caso de que todo saliera bien, todavía existía la posibilidad de que mi hermana perdiera conciencia total o parcial, o incluso la motricidad. Como ya se imaginarán lo que sucedió, todas las noches me concentraba y pedía a esa energía de la vida, a ese Dios, que por favor todo saliera bien en la operación de mi hermana. Y así fue.
  • Ojos bien cerrados.
Aquí es donde me encuentro ahora, con un cúmulo de problemas, miedos e inseguridades que no sé cómo resolver; pero estoy buscando las fuerzas y el coraje necesarios para salir adelante. Quiero volver a ser como cuando era niño, quiero tener esperanza y enfocarme en lo que deseo como lo hacía antes. Debo vencer esos temores, sé que debo hacerlo. Es difícil pero tengo que lograrlo.

Hay muchos sueños que quiero cumplir, pero los veo tan lejos de la realización que a veces me angustio y me desespero. La verdad es que me siento muy solo. Los miedos me culminan y las inseguridades me paralizan. Aunado a todo esto, la necesidad de cubrir las deudas más básicas me impide muchas veces imaginar y crear como yo quisiera.

Necesito convertirme en aquel niño que no tenía miedo de desear. Necesito creer. Necesito fuerzas y seguridad y sé que las puedo encontrar dentro de mi, aunque en este momento no sepa cómo.

¿Comentarios? Siempre son bienvenidos.