sábado, 26 de octubre de 2024

"All of them Witches"

He tenido muy pocas pesadillas a lo largo de mis 40 años de vida; o por lo menos son pocas las que logro recordar con claridad. Pero hay una cosa que todas han tendio en común: todas mis pesadillas tienen que ver con brujas. A continuación, me dispongo a narrar las tres pesadillas que más me han impactado a largo de los años.

La primer pesadilla.

La primera que recuerdo, la tuve hace muchos años. Yo todavía vivía en Barcelona con mis padres y creo recordar que mi hermana todavía no nacía, por lo que tal vez yo tendría unos 4 o 5 años de edad. Las particularidades que rodean mi historia son algo vagas después de tantos años, y muchos detalles se han perdido, pero intentaré plasmar aquí de la manera más clara, todo lo que recuerdo al respecto. No lo tengo muy claro, pero creo tener la idea de que esa noche mis padres habían salido a alguna reunión social y me dejaron encargado con una niñera; y creo recordar que fue ella la que me sugestionó con la idea de que si no me dormía temprano, vendría una bruja para llevarme lejos. No obstante, tengo las memorias de ese recuerdo muy difusas.

En mi sueño, me encontraba acostado en la cama de mis padres pero ellos no estaban ahí, yo estaba completamente solo en el cuarto. Entonces, se abrieron las puertas que daban al balcón del apartamento y entró por ahí una mujer de piel muy pálida y vestida completamente de negro. Su vestido tenía largos hilachos gruesos que colgaban de sus mangas y parecía que se movían por voluntad propia, semejando a los tentáculos de un pulpo. Al ver eso yo estaba paralizado y atónito, mi miedo incrementando a cada segundo. Cuando la mujer me vio, empezó a caminar hacia mi muy lentamente, haciendo unos movimientos muy extraños con sus manos, recuerdo que me daba la sensasión de que ella era como un titiritero moviendo sus dedos de manera extraña para controlarme. Inmóvil, mi desesperación aumentaba exponencialmente. Jamás podré olvidar la forma en que sus manos parecían tejer un hechizo sobre mi, impidiendo que pudiera moverme para escapar. Desperté llorando y muy confundido.

La segunda pesadilla.

Después de ese evento, la siguiente pesadilla que recuerdo, la tuve cuando tenía unos 7 u 8 años de edad. En el sueño, me encontraba en la casa de unos tíos jugando fútbol con mis primos; cuando de pronto, la pelota salió volando y cayó del otro lado de la cuadra. Muy entusiasmado, le dije a todos que iría a recuperar el balón y empecé a rodear la cuadra para ir en su búsqueda. Cuando llegué al lugar donde había caído la pelota, vi que ésta había quedado varada en el jardín frontal de una casa; y vi a una señora anciana que estaba regando sus plantas, el balón a unos pocos metros de ella. Frente al jardín, había una camioneta tipo van (como la de scooby doo, pero de color amarillo). Recuerdo muy claramente el sentimiento de intranquilidad que me invadía con cada paso que daba. Me acerqué con cautela para tomar la pelota y noté que la señora me clavó la mirada, penetrante y aguda; los ojos hundidos en las cuencas negruzcas. Soltó la manguera y empezó a mover las manos haciendo los mismos ademanes que la bruja de mi anterior sueño, semejando a un titiritero que jala las cuerdas para controlarme, como si yo fuera su juguete. No me podía mover, incluso empecé a sentir que, aunque intentaba correr, mis movimientos no surtían efecto y en vez de alejarme, parecía acercarme cada vez más. Recuerdo como se acercaba lentamente, paso a paso, moviendo sus manos de esa manera terrible y el sentimiento de ansiedad que me ahogaba. Momentos después, desperté de un salto, muy conmocionado y al borde del llanto.

La tercer pesadilla.

La última pesadilla que recuerdo la tuve cuando estaba estudiando la carrera en Guadalajara y es probablemente la más aterradora que he tenido. Corría el año 2006 o 2007, yo tendría unos 21 o 22 años de edad y vivía solo en un departamento ubicado en la Avenida Patria en Zapopan, Jalisco. Esa noche, mi sueño me llevó a la casa de mis padres en Hermosillo, Sonora, pero todo se veía extraño, como fuera de lugar. Como es común en los sueños, a veces las cosas no parecen tener mucho sentido. Pues en este caso, recuerdo que salí de mi cuarto y caminé por el pasillo que lleva a la sala, pasando por el cuarto de mi hermana, Laia; pero lo extraño fue que en el lugar en donde debía estar la puerta para entrar, no había nada, sólo una continuación más de la pared. No obstante, en el sueño yo sabía que ahí debería de haber estardo la puerta para entrar. Sin detenerme mucho a pensar en eso, continué caminando hasta la sala. Aquí, el lugar se empezaba a parecer más a la sala de casa de mis abuelos que vivían en La Paz, Baja California Sur; con los mismos muebles y la misma distribución. Era de noche y una luz pálida se derramaba por la ventana, formando la silueta de una persona en el suelo; cuando alcé la mirada, noté que era mi abuela, que se encontraba atónita mirando hacia afuera, inmóvil. Me acerqué lentamente a ella y, cuando toqué su hombro, se volvió contra mi con una mirada tan amenazante, que no puedo evitar sentir un escalofrío mientras escribo esto. Las cuencas negras, con la mirada aguda y penetrante, mostrando sus dientes de una forma horrible; y sus manos, sus manos haciendo los mismos ademanes que en mis sueños anteriores, paralizando cada músculo de mi cuerpo. El terror que sentí esa noche es una de las experiencias que jamás olvidaré en toda mi vida. 

No obstante, algo fue distinto en esta ocasión. Me encontraba paralizado, y mientras mi abuela se acercaba lentamente, con su mirada feroz y sus movimientos extraños (no puedo evitar comparar las similitudes con el sueño anterior), escuchaba una voz en mi cabeza que me decía "¡enfréntalo!" y "¡no huyas!". Así, con todo el temor acumulado, permanecí inmóvil, clavando mi mirada de vuelta en la de ella, sin apartarla ni un sólo segundo, los huesos helados del miedo. No quiero, estimado(a) lector(a), que esto que describo se entienda como que "estaba enfrentando a la pesadilla de una manera valerosa" o que "logré vencer al miedo", no. El terror que sentí en ese momento me marcó hasta el alma, lo sé; pero el no apartar mi mirada creo que me dio un entendimiento más íntimo del miedo. Me ayudó a entenderlo y a reflexionar sobre él. Es después de eso, años después, cuando uno reflexiona sobre estas cosas, que uno puede vencer el miedo y avanzar. En aquel momento, me desperté de súbito, llorando y temblando. Recuerdo que le llamé a mi madre, de madrugada para contarle mi pesadilla y escuchar su voz. Oirla por el teléfono me brindó una calma muy grande. 

Conclusión.

Bien, pues he aquí las tres pesadillas que recuerdo con más claridad o que más me han marcado en mi vida, hasta el momento. He tenido otras, claro, pero todas son muy similares o las recuerdo más vagamente. Por último, quiero aclarar que quiero mucho a mi abuelita y que jamás le tuve miedo estando despierto (LOL). Siempre fue muy buena conmigo.