domingo, 24 de mayo de 2015

Romance

Hoy en día, generalmente se tiene la idea de que el romance o romanticismo se refiere al amor que se tiene a una pareja: lleno de miradas melosas y palabras embelesadas con miel. Claro que una gran parte de la idea del romance tiene que ver con eso, pero no lo es todo. Probablemente Hollywood es el principal partícipe en la creación de esta concepción tan sesgada del romanticismo, pero estoy seguro de que hay algo más detrás de eso, algo más complejo.

Me parece que el romanticismo es más como un estado de admiración y fascinación por la vida misma, como también por alguna cosa, persona, situación o tiempo (sea real o ficticio). Creo que esto que menciono viene implícito en el carácter de las personas, pues no se trata de algo momentáneo como estar triste, contento o aburrido; uno vive el romance a cada momento. Es una sed de curiosidad, muy similar al enamoramiento y que no conoce límites. Cuando se vive en este estado, es como si dentro de uno (aproximadamente entre el pecho y el estómago) habitaran al mismo tiempo muchas emociones entretejidas. Entre las que puedo mencionar en este momento están el asombro, el deleite, la simpatía, la añoranza y el enamoramiento, todo esto conjugado con un toque de nostalgia y una pizca de ansiedad.

Así, los intereses se vuelven obsesiones y la imaginación revolotea por todas partes, brindando panoramas e historias, como cuando uno es flechado por Cupido la primera vez.

Este sentimiento del que hablo siempre ha estado presente en mi, así que creo que soy un romántico. Con esto no pretendo decir que soy cursi, lo que pasa es que soy muy curioso y me asombro fácilmente. Desde que tengo memoria he experimentado una gran fascinación por la vida, por entender cómo funciona ésta y por conocerla cada vez más. Me intriga a sobremanera la vastedad del cosmos y todo lo que puede haber en éste, así como también me seducen las olas del mar junto con el viento; como también me deslumbro con la historia y sus múltiples personajes tan interesantes; así mismo, me encanta presenciar la imaginación humana en acción y me fascinan las conversaciones trascendentales, esas pláticas interesantes que suceden en pocas ocasiones y que lo dejan a uno con ese sentimiento de haber crecido; sin olvidar, claro, cómo me maravillo con la naturaleza en toda su majestuosidad. Son tantas las cosas que me atraen que es difícil englobarlas todas.

A veces no sé por qué escribo todas estas cosas en lugar de guardármelas. Tal vez espero que algún día mis hijos las lean y conozcan cómo era su papá.

Los comentarios son siempre bienvenidos.

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