Hoy es un día muy especial para mí. Como lo platiqué hace unos días en la publicación de El poder oculto, un día como hoy pero de hace 15 años, conocí a Nohemí en las bancas de la escuela en la que estábamos. Aquel afortunado encuentro cambió mi vida radicalmente, ya que nueve años más tarde, ella se convertiría en mi esposa y otros tres años después, en madre de mis hijos. La conozco la mitad de mi vida y es por eso que quiero tomar este tiempo para agradecer a la vida, a esa fuerza o energía "mágica" que hace que las cosas sean lo que son; quiero agradecer el haberla conocido y el haberme permitido vivir esta historia tan bonita que me dispongo a platicar.Ya comenté que a los dos meses de haber empezado nuestro noviazgo, ella se fue a vivir a la hermosa ciudad de Guadalajara, así como el efecto devastador que eso causó en mí. Pero antes de continuar, debo mencionar cierto suceso que ocurrió previo a su partida inicial hacia aquella ciudad. Un día yo traía un par de dados de color rojo que había utilizado para una exposición de probabilidad. Aquellos dados eran gemelos (como nuestras almas), así que aquel día le regalé uno de los dados y yo me quedé con el otro. Siempre lo traía conmigo, SIEMPRE. La idea era atesorarlo como un recuerdo de aquel día tan mágico. Así ocurrió, como también su inevitable partida.
Las contadas ocasiones que nos llegamos a ver a lo largo de aquel año fueron todas muy especiales, pero hoy quiero platicar de una en particular. Fue aproximadamente en marzo de 2001 cuando ella vino, por motivos personales, a la ciudad donde nos conocimos, así que una tarde decidimos ir al cine. Recuerdo que no me convencía del todo la idea de entrar a ver una película (yo quería verla a ella y a nadie más), así que cuando llegamos a la plaza, le sugerí que mejor no entráramos al cine y que empleáramos ese tiempo en platicar y estar juntos. Así pues, pasamos alrededor de dos horas caminando y charlando. Recuerdo cómo nos tomábamos de las manos, como no queriéndonos dejar ir nunca. En un momento de aquella tarde, nos sentamos en la banqueta del estacionamiento del cine y entre las muchas cosas que nos platicábamos, destacaba el fervor del deseo de volver a vivir en la misma ciudad. Entonces, recuerdo que tomé mi dado y le dije: "Mira, vamos a tirar este dado para que la suerte nos diga si te vas a regresar a vivir para acá. Si cae 1, 2 o 3 quiere decir que no, pero si cae 4, 5 o 6 entonces quiere decir que si, ¿ok?".
Creo que ya se imaginarán cómo me sentía en aquel momento. Como si toda mi vida y mi felicidad dependieran de aquel resultado. Y así fue, con el corazón lleno de esperanza y con cada molécula de mi ser vibrando en sintonía con aquel momento, que lanzamos el dado. El tiempo se detuvo alrededor nuestro. Hubo un silencio abismal en el firmamento y... luego de unas vueltas... 6. Todos mis rezos y meditaciones a lo largo de aquel año habían surtido efecto. El sortilegio de mi voluntad se había materializado en aquellos seis puntos blancos (yo de alguna manera lo sabía) y mi corazón volvió a latir.
Nos miramos a los ojos, llenos de felicidad, como si se nos hubiera hecho una promesa en aquel momento. Entonces, Nohemí tomó su dado y dijo: "Ahora vamos a ver en cuánto tiempo va a pasar esto"; no obstante, nunca especificamos la unidad de tiempo que nos diría su dado. Al hacerlo girar unas cuantas veces en el suelo, el resultado que mostró fueron tres puntos blancos (nótese que 6 + 3 son 9, un número que ha tenido mucho significado en mi vida). Entonces nos volteamos a ver a los ojos una vez más, sin saber lo que significaba aquel número, pero no importaba ya que el resultado anterior nos había dejado muy contentos.
Tres meses después de aquel suceso fue cuando Nohemí me habló para decirme que se iba a regresar a vivir a Hermosillo.
Gracias, vida. Por toda la magia, por todo el amor, por la aventura, gracias.
Esto es ya, de por sí muy bonito. =) Seguro en algún momento les contaré a mis hijos también, como conocí a su papá, asi como luego los tuyos leerán ésta historia tan sensible, tierna e inocente. Venga de ahí, todo fluye, León. Hecho está.
ResponderEliminarEsto es ya, de por sí muy bonito. =) Seguro en algún momento les contaré a mis hijos también, como conocí a su papá, asi como luego los tuyos leerán ésta historia tan sensible, tierna e inocente. Venga de ahí, todo fluye, León. Hecho está.
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