viernes, 10 de enero de 2025

Acción Ambiental

Emprender un negocio es, sin lugar a dudas, un camino lleno de retos y aprendizajes. Hoy, en conmemoración de una fecha especial quiero platicar acerca de lo que me dedico y cómo llegué aquí.

Tenía 25 años de edad. Era el año 2010, un período decisivo en mi vida, pues acababa de cerrar un ciclo importante al terminar mi relación laboral con el gobierno del estado de Sonora. Durante mi tiempo allí, me desempeñé como subdirector de gestión ambiental, un rol que me permitió sumergirme profundamente en el análisis y manejo de cuestiones ambientales a nivel estatal. Ahí, pude entender desde adentro del sistema, cómo funciona la gestión ambiental en Sonora, México. 

Después de un par de años en ese entorno, concluí que era el momento de un cambio, de dar un paso hacia el otro lado del escritorio y empezar a aplicar todo el conocimiento y la experiencia que había adquirido en mi carrera pública. Obtuve contactos y competencias que me ayudarían más adelante en mi trayectoria laboral. Sabía que la experiencia adquirida allí sería crucial para entender las necesidades del sector privado y, sobre todo, para generar un impacto real en la gestión ambiental de las empresas.

Así fue como nació Acción Ambiental, un proyecto que comenzó como una idea impulsada por mi deseo de hacer una diferencia, y que, con el paso de los años, se ha convertido en una de las mayores fuentes de satisfacción personal y profesional de mi vida. Hoy, después de 15 años de arduo trabajo y dedicación, me siento profundamente orgulloso de lo que hemos logrado.

Al principio, todo fue un desafío. Como mencioné, tenía apenas 25 años cuando tomé la decisión de emprender este nuevo camino, y a esa edad las cosas no siempre son fáciles. A veces, ser tan joven puede ser más un obstáculo que una ventaja, especialmente en el ámbito laboral. Además, siempre he tenido la apariencia de ser más joven de lo que en realidad soy, lo cual, en muchos casos, sumaba una barrera adicional. Los clientes, al igual que cualquier otra persona, buscan seguridad y confianza, y, a menudo, esa seguridad se asocia con la experiencia, la cual yo aún no podía demostrar en términos de años de trabajo en el sector privado.

A pesar de que me sentía plenamente capacitado y confiado en los temas que manejaba, enfrenté la dificultad de que muchos no compartían esa misma percepción debido a mi juventud. Las primeras reuniones con posibles clientes fueron una prueba constante. La gente esperaba ver a alguien más experimentado, alguien con un historial más largo en el sector, y no necesariamente entendían que mi conocimiento era profundo, incluso si mi experiencia formal no era tan extensa. Fue un desafío romper esa barrera inicial, pero fue también una oportunidad para aprender, adaptarme y mejorar cada vez más en mi manera de comunicarme, de generar confianza y de ofrecer soluciones efectivas.

En los primeros días de Acción Ambiental, me enfrenté a una realidad que muchos emprendedores conocen bien: la carga de ser el único responsable de todo. Al principio, no había un equipo detrás de mí, ni una estructura definida que me permitiera delegar responsabilidades. Yo era el director, el administrador, el comercial, el encargado de atención al cliente, office-boy y, por supuesto, el ejecutor de los proyectos. Esto implicaba largas jornadas de trabajo, porque cada tarea, por más pequeña que fuera, requería mi atención y dedicación total. Desde crear las propuestas de trabajo, gestionar las finanzas y atender la parte administrativa, hasta realizar la parte técnica del servicio, todo recaía en mis hombros. A menudo, me encontraba agotado, no solo por el esfuerzo físico, sino también por la presión constante de tener que hacerlo todo bien y a tiempo. La sensación de que cada paso que daba podía determinar el éxito o el fracaso del proyecto era una carga constante en mi mente. Además, la falta de recursos en los primeros momentos hacía que cada decisión tuviera que ser extremadamente calculada. Las noches se volvieron más largas y los días, aunque intensos, parecían no tener fin. Sin embargo, fue en medio de esas dificultades que realmente comprendí lo que significa ser un emprendedor: la resiliencia, la capacidad de adaptarse y aprender rápidamente, y el compromiso inquebrantable con la visión de mi proyecto. A pesar de los sacrificios y las incertidumbres, sabía que estaba construyendo algo valioso, y esa convicción fue lo que me mantuvo en marcha.

La primera empresa en darnos la confianza de realizar un trabajo fue una acuícola, y desde ese momento, el trabajo ha venido hacia nosotros de diversas maneras, ya sea por recomendación directa o porque mi nombre ha empezado a ser reconocido en el sector, en gran parte gracias a la trayectoria de mi padre, quien también es un empresario reconocido en la ciudad. Esta conexión, aunque sin duda ha abierto puertas, también ha sido una gran responsabilidad, ya que la expectativa de cumplir con altos estándares de calidad y compromiso es algo que siempre he tenido presente. 

Una de las lecciones más valiosas que he aprendido a lo largo de esta trayectoria es la importancia de ser firme con la palabra de uno. En un entorno tan dinámico y competitivo, la confianza es un bien preciado y el compromiso con lo que prometemos, ya sea en términos de plazos, resultados o acuerdos, es lo que establece la reputación de cualquier empresa. Ser consistente y fiable en las palabras no solo genera lealtad entre los clientes, sino que también crea una cultura de respeto mutuo que se extiende a todos los aspectos del negocio.

Estos años, he aprendido y vivido muchas experiencias que me han moldeado tanto profesional como personalmente. Algunas de estas experiencias han sido gratificantes, mientras que otras han sido lecciones duras que me han impulsado a mejorar. He pasado por situaciones de alianzas comerciales o laborales que, al principio, parecían ser oportunidades de crecimiento, pero que con el tiempo resultaron no ser tan provechosas como esperábamos. Aprender a identificar estas situaciones, a reconocer cuándo algo no funciona y a tomar decisiones difíciles ha sido clave para la evolución de la empresa.

Otro aspecto importante que he aprendido es cómo gestionar las relaciones con los clientes. Cada cliente es único y cada proyecto tiene sus particularidades. Saber escuchar, entender sus necesidades y poder ofrecer soluciones personalizadas se ha convertido en una habilidad esencial en mi día a día. Esto no solo mejora la calidad del trabajo que entregamos, sino que también fortalece el vínculo con quienes confían en nuestros servicios.

La imagen de la empresa también ha sido un aspecto crucial. He aprendido que más allá de la calidad técnica de los proyectos que ejecutamos, la forma en que nos presentamos, nuestra actitud y la manera en que nos comunicamos con el mundo son igual de importantes. Cuidar todos los detalles, desde nuestra presencia en las redes hasta la forma en que manejamos cada interacción, contribuye a una imagen sólida y coherente que genera confianza.

Por supuesto, también ha habido oportunidades que hemos sabido aprovechar y que han sido claves para el crecimiento de la empresa, pero también ha habido momentos en los que dejamos pasar oportunidades valiosas. Reflexionar sobre esos momentos de "qué pudo haber sido" ha representado una de las partes más difíciles del camino, pero también ha sido una fuente de motivación para seguir aprendiendo, adaptándome y buscando nuevas oportunidades con una visión más clara.

Otro aspecto imporante que he aprendido en este camino es la importancia de la perseverancia para mantener un objetivo claro, incluso en los momentos más difíciles. Aunque a veces las cosas no salen como uno espera y todo parece venirse abajo, la constancia y la determinación son claves para superar cualquier obstáculo. La pandemia de COVID-19 en 2020 fue, para casi todos los negocios, una prueba muy dura. En ese momento, toda la actividad se paralizó a nivel mundial, y con ello, nuestra empresa también se vio obligada a detener su operación. El flujo de trabajo se cortó de manera abrupta, y el flujo de dinero junto con éste. Fue un golpe fuerte, no solo económico, sino también emocional, dada la incertidumbre de no saber qué vendría después.

Los años posteriores fueron un verdadero desafío. No solo tuvimos que adaptarnos a una nueva realidad en la que las normas de trabajo cambiaron drásticamente, sino que también tuvimos que volver a levantar la empresa desde cero: recuperar a los clientes, encontrar nuevos contratos, ofrecer nuestros servicios en un mercado más incierto y, sobre todo, reconstruir la confianza que se había visto afectada por la crisis. A pesar de la dificultad, fue en esos momentos cuando la perseverancia se convirtió en nuestra mayor aliada. Fue necesario adaptarnos, reinventarnos y, en algunos casos, modificar incluso la manera en que operábamos, pero siempre con la convicción de que la resiliencia y el trabajo constante nos permitirían salir adelante.

Hoy, cinco años después de aquel acontecimiento que cambió al mundo, puedo decir con satisfacción que hemos superado esa etapa. Nos encontramos en una posición mucho más cómoda y estable, con una operación más sólida y una cartera de clientes que nos da seguridad. Aunque la pandemia dejó huellas, también nos enseñó valiosas lecciones sobre la importancia de la flexibilidad, la innovación y, sobre todo, la adaptabilidad. Como bien decía Darwin, el que prevalece es el que mejor se adapta a los cambios. Hoy tenemos un trabajo más seguro y una operación más firme, con la confianza de que, sin importar los retos futuros, siempre seremos capaces de seguir adelante con determinación y claridad.

Hoy puedo decir que esos primeros años, llenos de incertidumbres y dificultades, fueron fundamentales para lo que Acción Ambiental es hoy. Cada obstáculo que encontré me enseñó una lección valiosa, y cada éxito, por pequeño que fuera, me dio la motivación y la seguridad para seguir adelante en mi camino. La clave estuvo en persistir, en creer en el proyecto, en imaginarlo, en seguir perfeccionando mis habilidades y en construir, paso a paso, la reputación que hoy tengo como profesional en la gestión ambiental.

Dentro de los trabajos más importantes que hemos realizado, me gustaría destacar los siguientes:
  • Diseño y construcción parcial de una casa ecológica, hecha con materiales sustentables y residuos de llantas en El Colorado, Sonora. Gracias a los materiales con los que se construyó, logramos bajar 6 grados centígrados la temperatura interna de la casa respecto al exterior; todo esto sin abanicos, aireas acondicionados ni nada más. Amé este proyecto (2013).
  • Foro de consulta para aportar propuestas para reformar la ley del equilibrio ecológico y protección al ambiente del estado de Sonora para establecer estrategias de reducción del uso de las bolsas de plástico a través del reúso, reciclaje, sustitución de materiales y hasta el cobro por su uso (2018).
  • Diseño de sistemas de tratamiento de agua residual en San Juan de los Lagos, Jalisco. Durante 2014 estuve involucrado en el diseño de varias plantas de tratamiento de agua residual para granjas de cerdos, aves y reses en el estado de Jalisco, un proyecto que me gustó mucho y del que aprendí mucho.
  • He tenido el privilegio de trabajar como asesor ambiental para empresas con presencia internacional, lo que me ha permitido adquirir una experiencia valiosa en el ámbito global. Grandes corporaciones han depositado su confianza en mí para gestionar sus permisos y trámites ambientales, así como para brindarles asesoría especializada en dicha materia. Me enorgullece profundamente que estas empresas reconozcan en mí a un profesional capacitado y confiable, capaz de llevar sus proyectos con el compromiso y la seriedad que merecen.
  • Diseño de las celdas del relleno sanitario de Guaymas.

Grandes aprendizajes y experiencias han forjado y dado forma a este proyecto. Hemos logrado cosas muy buenas y sé que todavía queda mucho camino por recorrer. Brindo por otros 15 años de crecimiento y oportunidades. Muchas gracias a todos los que han sido parte de este bello proyecto que amo con todo mi corazón; en especial a los que ahorita forman parte de él. Me gusta mucho lo que hago y creo que mi "yo de niño" se sentiría muy contento de saber en lo que trabajo hoy en día. ¡Vamos por más metas y retos! ¡Felicidades, Accion Ambiental!

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- León.

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