El filo del amargo trago desgarró lo que quedaba de mi voz.
La mentira, cual cuchillo, frío e impío, se clavó en mi inocencia con hastío.
Ahora, débil y cansado; solo y lastimado; intento, pero en vano, encontrar la paz.
Mi corazón no puede más; mi alma ya no está y ese recuerdo en mi memoria no me dejará jamás.
Los detalles de tu cuerpo ya no son un secreto, la fragancia de tu aroma, la conoce otra persona.
Aún veo tus palabras, frías como balas, desgarrando mi ilusión al decirle "mi amor".
¿Todavía recordará su espalda, su pecho y sus besos? ¿Cómo habrán recorrido ambos sus cuerpos?
Maldito me dejaste, pues tu me despojaste del más puro deseo que había en mi interior.
No existe tu lealtad, la taza se rompió; e imploro a los vientos tregua a mi dolor.
Esa taza la llené con mis más puros deseos, pero ahora se desborda como agua entre los dedos.
Tanto tiempo tardé en rehacer mi corazón, para que en tu arrebato de egoísmo me despojaras del amor.
Actuaste cual ladrón que en la noche se escurría, mientras yo no lo sabía, atacando con traición.
Los rayos de sol se van, con lo que me atreví a soñar; tus palabras en el viento no las puedo escuchar.
Los deseos se fugaron como el humo de un cigarro, y a cambio me has dejado hundido en el barro.
La noche fría llega y me empieza a arrebatar los pedazos de perdón que intento encontrar.
Hartas ansias tenías de verlo otra vez, pero la culpa te consume, aunque tarde, ya lo ves.
Me dejaste caer, me dejaste morir, elegiste no creer que nuestro amor podía vivir.
Me refugio en los recuerdos de los bellos momentos, queriendo hacer de esto algo duradero.
Pero me cuesta tanto, cada día al despertar, la idea de que tú me pudiste traicionar.
No obstante yo quiero, a conciencia y con esmero, levantarme firme y seguir con mi sendero.
Espero que tu conciencia sea capaz de encontrar la tregua con el corazón y que puedas descansar.
-- León.
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