Primera quincena de septiembre de 1977.
Regresando hoy de Ávila por la Cañada, al pasar por El Escorial y ver su tremenda simetría (aunque de hecho no es total), de golpe me acordé de esto que había pensado hace unos días:
Así como hay que romper muchos conceptos filosóficos, en concreto, hay que saber romper la tenaza racionalista (y por ello conceptuosa e irreal) de la total simetría. Por ejemplo, la simetría de las presiones de un gas sobre las paredes de un cubo donde está encerrado, podrán ser iguales en todas sus caras, podría hablarse de una especie de simetría, pero:
A) no son simétricas todas las partículas del gas que intervienen en ello y
B) es viva, en continua energía y movimiento.
Hay que romper la simetría (y al decir esto, se tiene muy presente la casa del “cuadro” de lo que ya se hablará más delante, de esa justa conjunción en ella de simetría – asimetría).
En arquitectura, en jardines, muebles, utensilios, ¡hay que liberar la belleza y la imaginación! Es un camino hacia Dios. Desde la simetría (cristalización, cuerpo humano –por fuera-) a la asimetría de Dios, porque no tiene límite.
De hecho la arquitectura moderna, sobre el último neoclasicismo, ha sido una explosión de alegre y funcional asimetría. El arte abstracto, la decoración, ha sido una explosión de liberación del corsé racionalista.
El cuerpo humano, por dentro no es simétrico: corazón a un lado, dos lóbulos, tres lóbulos pulmonares, bazo, hígado, estómago, apéndice, etc., etc. Y mucho menos de delante a atrás.
Una cierta simetría es humana, pero la total y “escrupulosa” simetría es una aberración planificadora de soberbia mentecata de semidioses.
No es que la asimetría de la naturaleza ¡tan bella! (montañas, valles, bosques, etc.) deba ser nuestro modelo o ideal (también hay en ella simetrías de cristalización). El hombre debe emerger y cultivar, ajardinar, domesticar, etc., pero si bien ni la asimetría ni la simetría de la naturaleza nos han de arreojar, tampoco se puede prescindir de ambos en este mundo creado.
El “quid” está en la sabia y a la vez vital, alegre, funcional combinación de ambas.
No es que si no debe ser asimétrico, debe ser simétrico. Sino al revés, es decir: si no hay alguna razón para que deba ser simétrico, hay que dejar la libertad de la asimetría.
Casa del “cuadro”: hubo cúpula. Hay “motivos” para esta cierta simetría. La vinculación con Cristo, como el llamarse cristiano. Es una vinculación al contexto de Cristo (por supuesto traducido y modernizado).
Pero, como en el cuerpo, por dentro, no es simétrico, ni lateralmente, ni de delante a atrás, tampoco necesariamente lo han de ser por fuera las ventanas sino que respondan a su función, etc.
Una simetría interior es el signo de la eucaristía.
Y si esta necesaria simetría tuviera que ser suavizada y compensada, lo es con los aledaños, entradas al jardín, jardines a lo moderno, bloques de los garajes, piscina, deportes, etc. etc. y en el interior, además de la distribución, por la decoración.
(Nunca había pensado en la asimetría como expresión de libertad y alegría. La inteligencia del hombre supera así la simetría de muchas manifestaciones de la naturaleza, incluso en algunas flores, aunque bien pensado hay muchas que no lo son: gladiolos, la misma rosa. Nuestra soberbia racionalista simétricoforme nos hace ver en la naturaleza muchas más simetrías de las que hay).
Me hizo pensar en los niños down,o con alguna otra "asimetria" de nacimiento los cuales emiten más amor y más belleza.
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