
El otro día, mientras pasaba por una calle que tenía en su camellón algunos árboles de naranjas, escuché a un niño de unos 7 u 8 años preguntarle a su padre:
—Papá, ¿por qué la gente está colgando las naranjas de esos árboles?
El pequeño pensaba que las naranjas, al igual que los dulces o los panecillos en envolturas, eran fabricadas por el ser humano en la industria. Al cortar una naranja por la mitad, esta se ve exactamente igual a cualquier otra partida en dos. Esto llevó al niño a asumir que esta deliciosa fruta era creada por los artilugios del hombre y su industria moderna.
Este episodio me llamó mucho la atención y me hizo reflexionar sobre varias cosas: la cada vez más decadente educación en mi país, tanto por parte del sistema educativo como por la falta de interés de muchos padres; historias futuristas en las que el hombre ha tomado el control genético de todo y produce manjares frutales en fábricas, con sabores personalizados y artificiales; y la tierna imaginación de los niños, que les lleva a creer cosas que a nosotros nos parecen absurdas, pero que, si analizamos con cuidado, pueden tener algo interesante.
Es curioso encontrarse con alguien que parece desconocer por completo algo que creemos obvio. Esto me recuerda un pasaje de Sherlock Holmes, de Sir Arthur Conan Doyle. En la historia, relatada a través del diario del Dr. Watson, el peculiar detective le confiesa a Watson que desconoce por completo la teoría del sistema solar y su funcionamiento. El Dr. Watson, incrédulo, lo cuestiona, pero Holmes le explica que no le interesa aprender cosas que no sean útiles para su trabajo. Argumenta que el cerebro humano es como un almacén, y que mientras más cosas inútiles guardemos en él, más difícil será acceder a las ideas que realmente necesitamos o almacenar información relevante. Me parece un argumento interesante.
A partir de esto, me pregunto: ¿es realmente necesario saber que las naranjas crecen en los árboles? O más bien, ¿qué es lo que realmente nos conviene conocer y qué no?
Lo cierto es que me encantan las naranjas: su color, su aroma y, por supuesto, su sabor.
Soy demasiado analítica para las cosas que considero importantes para mi, mi mente es un análisis constante siempre.. Pero las cosas que considero irrelevantes en mi vida las olvidó por completo, es raro y a veces las personas se molestan al darse cuenta que no hay rastro en mi memoria de algo determinado.. dicen que sólo tengo memoria selectiva jajaa asi creo que Holmes tenía razón...
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